Norris, por su parte, aguantó como pudo el ataque de un veloz Sergio Pérez (quien terminó 4º) para completar la fiesta británica en el Top 3.
veía por sus espejos la sombra del Red Bull de Pérez, pero su McLaren naranja parecía deslizarse sobre raíles. En el podio, bajo el balcón real, la historia se escribió con letras nuevas: un holandés liderando el mundo, un español devolviendo la sonrisa a
y un joven británico confirmando que el futuro ya estaba aquí. El champán voló sobre el puerto, pero en las calles, el eco de los motores aún susurraba que, en Mónaco, la corona se gana centímetro a centímetro.