El no es un discurso fúnebre cualquiera; es un acto profético. Al predicarlo, el ministro o laico adventista está declarando que la muerte no tiene la última palabra .
La tumba no es el destino final del ser humano; es solo el vestíbulo de la eternidad. Al despedir hoy a nuestro hermano/a, no lo dejamos en el olvido, lo dejamos al cuidado del Todopoderoso. Consolemonos unos a otros con estas palabras. El no es un discurso fúnebre cualquiera; es